«Llegué a la conclusión de que si leer esas novelas era maravilloso, escribirlas debía de ser la hostia.»

David Llorente nace en Madrid en 1973.  En esta ciudad publica las novelas Kira, premio Francisco Umbral de novela corta 1998, y El bufón, premio de narrativa Ramón J. Sender 2000. En el año 2002 se traslada a vivir a Praga (República Checa), donde escribe las novelas Ofrezco morir en Praga y De la mano del hermano muerto, esta última también traducida al checo. Su gran éxito llegaría con Te quiero porque me das de comer, (Alrevés, 2014), por la que recibió el Premio Memorial Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón. Su última obra, Madrid:Frontera (Alrevés, 2016), fue Premio Valencia Negra 2016 a la mejor novela del año.

Es además profesor de lengua y literatura y dramaturgo. En Praga crearía el grupo de teatro Séptimo miau, cuyas obras escribe y dirige él mismo. Ha representado por casi todos los países de Europa Central y del Este y ha obtenido diversos premios en varios festivales de teatro internacionales.

-Complete la frase: «Los festivales de novela negra…»
… no deberían leer el  manifiesto con el que este año están inaugurando.»

¿Qué libro impregnaría con gasolina para que ardiera bien?

Un hombre echa gasolina al papel para que arda… Me parece un gran comienzo para una novela ambientada en un manicomio.

Solo faltaba que un escritor estuviera a favor de la quema de libros.

La Historia nos ha enseñado que el totalitarismo y la cerrazón siempre han tenido una incontrolable tendencia a este tipo de montañitas en llamas.

No hay libro que sea tan malo que no tenga algo de valor.

-¿Qué le produce vergüenza ajena?
Los embajadores, consejeros, cónsules, agregados, inspectores, directores de instituciones destacados en el exterior cuando les ponen un micrófono en la mano o simplemente les dan la oportunidad de hablar en público, ya que no hay nada más espeluznante que la ignorancia en acción.

-¿Qué es para usted una musa?

Pues una de las hijas de Apolo o de Zeus (según la fuente).

La inspiración personificada.

Alguien cuya existencia o recuerdo te hace desarrollar satisfactoriamente una actividad artística.

Ninguna de las tres posibilidades (arriba mencionadas) existe.

Es cierto que hay un momento (mientras escribes una novela) que todo se ordena, que la narración cobra un sentido completo y que la historia trasciende a su propio significado referencial, pero eso no es inspiración, sino trabajo.

-¿Cuántas novelas acabadas o inacabadas tiene en el cajón?

Es una pregunta de una ambigüedad desconcertante. Creo que la respuesta sería la siguiente:

Novelas acabadas que me gustan y que me gustaría publicar: 1

Novelas acabadas que no me gustan y que por tanto no quiero publicar: 0

Novelas inacabadas que estoy escribiendo: 0

Novelas inacabadas que son novelas que han abortado en pleno proceso de gestación y que por tanto jamás terminaré: (Obviamente, ¿qué harían en el cajón?) 0.

-¿Cómo fue el momento en que decidió ser escritor?

Soy escritor gracias a/por culpa de las novelas de Alberto Vázquez-Figueroa. Creo que llegué a la conclusión de que si leer esas novelas era maravilloso, escribirlas debía de ser la hostia.

-¿Cómo valora el creciente papel de las redes sociales a la hora de dar a conocer una novela?
Las editoriales, los escritores y los agentes hacemos como que usamos las redes sociales para promocionar una novela, pero en realidad no tenemos ni puta idea. Existen profesionales de las redes sociales y esos no somos nosotros. Las editoriales deberían tener (de manera obligatoria e incuestionable) un departamento de redes sociales al frente del cual no estuviera el editor, sino un profesional de redes que diseñara un plan de trabajo a largo plazo con objetivos muy claros y una metodología coherente y efectiva. Todo lo que no sea eso, es enredar en fb y tw.

-¿Cree que la tribu literaria se ha aburguesado y vive menos polémicas que hace unas décadas?
No. Ahora lo que pasa es que el escritor quiere ser famoso y tiene miedo de que un mal paso le impida el camino al estrellato. No se puede llevar mal con nadie. No puede moverse, no vaya a ser que no salga en la foto. Escritores sin voz. Sin opinión. Sin posicionamiento social.  Pendientes de la invitación, del micrófono, de la reseña, del premio, de la mesa, del amo. Es un momento único en la historia de la literatura.

El escritor tiene que dar su opinión y comprometerse

-¿Cómo definiría el estado del mercado literario actual?
Yo encuentro sin ninguna dificultad el tipo de literatura que me gusta.

-¿Qué género o géneros no se cree capaz de abordar en una novela?

Un género literario es una técnica narrativa y una manera de contar una historia.

Me gustaría escribir una novela rosa, una novela del oeste, una novela de terror, una novela bélica, una novela de ciencia-ficción, una novela de aventuras, una novela picaresca, una novela de viajes, una novela bizantina…

Creo que me aburriría mucho escribiendo una novela histórica.

-¿Ha tenido sexo alguna vez gracias a sus novelas? ¿Cómo fue?

Esta pregunta es un gran ejemplo de la banalización del escritor.

-¿Prefiere vender cien mil ejemplares de una novela mediocre o mil de una gran obra alabada por la crítica?
Esa es una pregunta para un editor. Los escritores seguimos/deberíamos seguir otros parámetros.

-¿Qué es lo más extraño que ha hecho para documentar o preparar una novela?
Tenía 20 años cuando se me metió en la cabeza recopilar las frases que la gente escribía en los servicios de las facultades de la UCM. Llegaba a la universidad una hora antes de que comenzaran las clases e iba baño por baño con un lápiz y un cuaderno. Hoy habría utilizado un móvil para sacar fotos. Recopilé miles de textos y los usé veinte años después, cuando escribí Te quiero porque me das de comer.

-¿Considera necesario desnudarse para poder ofrecer al público una buena novela?
El escritor tiene que dar su opinión y comprometerse. Eso de desnudarse es una metáfora muy flojita de poetas lánguidos y asustadizos.

-¿Cree legítimo estimularse con alcohol o drogas para escribir?
Para escribir mal.

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