Y el ciclón Donna pasó por Valencia

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Y el ciclón Donna pasó por Valencia


Fueron diecisiete horas muy intensas, suficientes para que Donna Leon enamorase a todo el equipo de VLC NEGRA y a los 400 espectadores que llenaron el Teatre Talía en el encuentro programado con ella. Sin duda, uno de los días más intensos de los seis años de vida del festival.


Bernardo Carrión

Donna Leon llegaba a Manises a las dos de la tarde. Cariñosa con su jefa de prensa y conmigo desde el primer momento, declina ir a ver el Palau de les Arts desde el taxi a pesar de su gran afición por la ópera y prefiere saltarse la comida para dar un paseo por el centro entre las tres y las cuatro y media de la tarde, hora prevista para la rueda de prensa. “Soy una persona feliz, me encanta ver la vida con una sonrisa en los labios, aunque reconozco que tenemos motivos para el pesimismo: nos estamos cagando dentro de nuestro nido y veo el futuro muy negro. Por eso no pierdo ocasión para mostrar mi preocupación por el Medio Ambiente”. Tampoco para hacer bromas. En la recepción del hotel, durante el check-in, hace un trasvase de enseres desde su bolsa de viaje hacia la maleta. Con una pequeña bolsa en la mano, me mira y guiña un ojo: “It’s cocaine”.

 

Interés en conocer el centro histórico

Nuestro paseo comienza en la calle Barcas. Lleva zapatillas deportivas y es grácil, liviana. Nos cruzamos con una señora que habla por el móvil que se para, no da crédito, se gira, la mira sorprendida. Pero no cuelga para venir y saludarla; es el signo de nuestro tiempo. Se lo hago notar a Donna: “I’m like Tina Turner”. Pasamos por delante del Teatro Principal y recorremos la calle Poeta Querol. Se muestra admirada con la puerta del Palacio del Marqués de Dos Aguas: “I’ts amazing!”, exclama con la boca abierta. En la Plaza de la Reina le present0 a los dos campanarios más famosos de Valencia. Y le hablo sobre la presencia de turistas en el centro. “Esto no es nada comparado con Venecia, allí tenemos 30 millones al año y ya no se puede vivir”. De hecho, ha abandonado su admirada ciudad de acogida y ahora reside en Zurich.

No le sienta nada bien que la Catedral de Valencia cobre una entrada y declina visitarla. Avanzamos hacia la Plaza de la Virgen y le explico la alegoría de la fuente del Turia. Se interesa por la historia del Tribunal de las Aguas y el sistema de riego que los valencianos heredamos de los árabes. Cuando pasamos por el Palau de la Generalitat y le decimos quién trabaja allí, nos recuerda la fama que arrastra nuestra comunidad: “A Valencia la conocemos fuera por sus casos de corrupción”. Cuando le cuento que la UE reclama a la Comunidad Valenciana 250 millones de euros que no se invirtieron de la manera correcta en la Ciudad de la Luz, escenifica que se da de cabezazos contra la fachada lateral del Palau.

Su corta estancia y la hora nos impide visitar por dentro La Lonja y el Mercado Central, que ya han cerrado sus puertas. Y son casi las cuatro cuando propone tomar algo en una terraza junto al mercado. Habla de pedir “un cortado” pero al final se decide por el flan. Entonces le hablo sobre el Crimen de Patraix, el tema que ocupará el escenario del Talía justo antes de su encuentro. Escucha con muchísima atención y sorpresa, impresionada por la historia de Maje, Antonio y Salva. Le explicamos que durante la cena conocerá a la jefa de Homicidios del CNP en Valencia, Esther Maldonado, una perspectiva que le entusiasma.

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Políticamente incorrecta

Camino a la rueda de prensa nos encontramos con mis cómplices Jordi y Santiago. Este último viste una camiseta de Negra y Criminal, la librería de Paco Camarasa, un homenaje por su recientemente fallecimiento. Donna la identifica y tira de incorrección política: “Cuando vi por primera vez esa camiseta, George W. Bush gobernaba Estados Unidos, y enseguida me vino a la cabeza: Negra y criminal, como Condoleeza Rice”.

En la rueda de prensa confiesa que su forma de escribir “se ha vuelto más oscura porque el mundo es ahora más negro que hace treinta años, cuando empecé”. Sobre su personaje, Brunetti, dijo que prefiere “a alguien culto, refinado, que se interesa por la ópera, es feliz y ama a su mujer, que al clásico detective con problemas de alcoholismo, atormentado y que no se cambia de ropa interior. He de pasar muchas horas con mi personaje y necesito que me guste”.

También destaca la diferencia de carácter entre los anglosajones y los mediterráneos. Sin duda, se queda con el nuestro. Y pone un ejemplo: “Hace poco tiempo iba en un tranvía, en Ámsterdam, cuando el conductor frenó de golpe y caí al suelo. Soy una señora de más de setenta años, con el pelo blanco; pues nadie se movió de su asiento para ayudarme a levantarme”.

Y nos explica cómo documenta sus novelas: “Mi fuente principal es Il Gazzetino, un periódico sublime, el mejor del mundo. Y como muestra nos cuenta una noticia que pudo leer allí: “En Teherán, una señora mató a su marido, le sacó el corazón y se lo comió con una salsa. ¡Y explicaba que la salsa se prepara con tomate, cebolla partida y carne picada! ¡Es genial!”. Pero no solo se documenta con Il Gazzetino: “También utilizo rumores y el contacto con la gente. Vivo en una ciudad de 50.000 habitantes y conozco a mucha gente, me cuentan cosas de sus amigos y sus familias que utilizo en mis novelas”.

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Dominio de la escena

Ya sobre el escenario del Talía, derrocha afecto y se mete al público en el bolsillo desde el primer instante con sus gestos, bromas, muecas y risas. Y habla de la solución para acabar con el turismo de masas, uno de sus mantras: “Los cocodrilos pueden vivir en agua salada. Yo apuesto por soltar unos cuantos ejemplares en los canales de Venecia para que se alimenten de turistas”, propone mientras mueve el brazo de atrás adelante, gruñe y escenifica el paseo de una pareja de americanos en góndola durante el cual, el marido es engullido por uno de ellos. E imita la voz de la mujer, que estaba mirando hacia otro lado y se vuelve para hacerle un comentario: “Have you seen that bridge, honey?… honey?”.

La gran dama de la novela negra es despedida con una salva de aplausos de los 400 afortunados -afortunadas si atendemos al género mayoritario entre el público- y se cita en el Museo de los Soldaditos de Plomo, justo enfrente del Talía, para las firmas. Su jefa de prensa, Nahir, se sorprende al saber que la librería ha despachado más de 70 ejemplares de sus novelas. “No es habitual vender tantas tras una presentación o un encuentro literario”. Donna aguanta paciente la sesión de firmas y fotografías y por fin, a las diez y media de la noche, estamos sentados para disfrutar de una VELADA CLANDESTINA, con menú diseñado expresamente para el festival. Avisa de que está cansada y que no sabe si podrá aguantar hasta más allá de las once de la noche. Su vuelo despega a la siete de la mañana.

Durante la cena escucha, pregunta con interés y alaba los platos. Su energía y su actitud son dignos de admiración. Y nos deja una de sus últimas sentencias: “No conozco a nadie a quien la fama haya hecho mejor persona”. Suponemos entonces que ella ya era así antes de convertirse en una estrella mundial de la literatura. Y vuelve a demostrarlo cuando nos estamos despidiendo. Besa a Esther, la jefa de Homicidios, y la mira a los ojos: “I admire you and you work”. Y sentencia: “Someone has to do it”.

Es casi la una, y Donna ha aguantado hasta el final. En menos de seis horas embarca para viajar hasta Bilbao, en una gira que la llevará hasta siete ciudades europeas en dos semanas. Aquí, en Valencia, ha dejado huella.

Donna: mil gracias.

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