Crónicas de 5VLCNEGRA (3)

La tarde del miércoles se abrió con un encuentro sobre el thriller histórico, con la presencia de Marcos Chicot, Félix Modroño y Javier Alonso García-Pozuelo. Entraron en la disquisición entre si el thriller histórico tenía o no similitudes con la novela negra. ¿Qué prima más, el componente didáctico de la novela histórica o la trama criminal que desarrolla? Coincidieron en que la primera condición es entretener, pero hay que tener un mínimo rigor histórico. Vamos, que ni el uno sin el otro. Sus novelas se ambientaban en los siglos XIV, XIX y en la Roma de Sócrates. Demasiado lejos para mi gusto.

Antes, los espectadores de #5VLCNEGRA tuvieron la oportunidad de escuchar a Pere Cervantes, escritor y miembro del grupo de Ciberdelincuencia de la Policía Nacional de Castellón, a Juan Carlos Chicote, de la Policía Local de Valencia, y a José Ernesto Suárez, analista de sistemas y ex hacker.

Hablaron sobre Darknet, las cloacas de la red, la ingeniería social y otros peligros de Internet. Nos dejaron con la mosca detrás de la oreja porque nos dimos cuenta de lo vulnerables que nos vuelven las nuevas tecnologías. Y como si la charla hubiera sido premonitoria, a los dos días conocíamos un ataque global de ramsomware a escala global que afectó a bancos, hospitales y otras empresas.

El jueves fue el particular oscar de Valencia Negra a los mejores cortos. El tema central debía ser un  reloj. Nos pegamos un pase de diez cortos estupendos, todos tenían un componente atractivo. Se rodaron todos en un fin de semana. Increíble. Creatividad. Había de todo: humor, drama, simbólicos. Derroche. Ganaron dos géneros, ladrones y humor. Los dos en color. Actuales.

Pero hablar de cine sin verlo no tiene sentido. Diez cortos en treinta y cinco minutos. Merecen la pena:

http://valencianegra.com/360vlcnegra-cortos-finalistas

El ambiente era algo tenso cuando llegaron los premios. Grupúsculos de los distintos equipos asediaban desde distintas partes de la sala. La lectura de los premios se hizo en su correspondiente sobre cerrado, y dicho sea de paso, sin equivocaciones, no como ocurre en otros sitios. El jolgorio se desató en cada uno de los ganadores para el resto de la noche. Y creo que no solamente en ellos. Iba siendo hora de retirada. Noche de cortos.

Agustín Díaz Yanes participó en este acto para la entrega de premios. Guionista y director de cine. Pero primero se entrevistó con Pau Gómez. “A mí me gustan dos géneros, el western y el negro. Es un poco ridículo intentar hacer un western en España a no ser que seas Sergio Leone. Y yo no soy Sergio Leone”. Martin Scorsese es uno de sus preferidos. Y de los míos. “Desde Uno de los nuestros no he vuelto a ver una película nueva. Bueno, excepto Reservoir Dogs”, afirmó el director madrileño.

Por ponerle un pero al cine negro español actual dijo que lo único que le falta “es que aumenten los espectadores y que se le considere un género propiamente español. En el resto de Europa hay decadencia en este tipo de cine, sin embargo nosotros cada vez hacemos más”. Recomienda fijarse en como lo hicieron los franceses con su nueva mirada sobre el cine negro en los setenta, como Melville: “Hay un gran material en la novela negra actual española para llevarla al cine.”

Anunció que en octubre estrena nueva película. Oro. Digo que se titula Oro, no que lo sea. Hasta que se vea.

Letras exiliadas. Era el sugerente título de la charla que ofrececieron César Pérez Gellida y Claudio Cerdán. Ambos residen fuera de España desde hace un tiempo.

-¿Ambientáis ahora vuestras novelas donde vivís?

César fue tajante: “Por supuesto, ahora vivo en Buenos Aires, una ciudad que encaja muy bien en el género. Lugares como Villa 13, villa de emergencia, es un lugar impresionante como escenario de una novela negra, supera con creces lo más feo que te puedas encontrar en España”.

“Yo no sabría cómo hacerlo”, aventuró Claudio, que vive en Suecia. “La sociedad sueca me tiene en permanente estado de shock, no me atrevería porque me equivocaría en casi todo. La ficción negra nórdica es toda mentira, no os creáis nada. Allí no hay asesinos en serie, allí no hay ni crímenes. A la gente le da vergüenza cerrar su coche por la noche por si los vecinos piensan que es desconfiada. No se parece a Villa 13 en nada. Así que sigo ambientando mis novelas en España”.

La última charla no fue una entrevista, se convirtió poco a poco en un diálogo entre Sebastià Bennassar y Bernard Minier. Todo giraba en lo que ocurre más allá de los Pirineos. Fue profunda y reflexiva, quizás la más de todas las que he asistido. Se trataron temas muy diversos como la política francesa actual y el auge del lepenismo, sobre la importancia de la documentación a la hora de escribir, sobre la violencia de género, tema central de la última novela de Minier, No apagues la luz, un thriller negro descentralizado, fuera de París, y sobre la historia de la mafia lionesa desde sus inicios en los revueltos años 70 en Francia hasta su asentamiento décadas después en la Costa Brava, asunto que trata Sebastiá en su reciente novela El imperio de los leones, ganadora del Premio Millor Novel.la Negra VLC NEGRA 2017.

Tarde amena, divertida e interesante.

El festival celebraba su última sesión el sábado por la tarde en la Fundació Bancaixa. Abrieron fuego Jason Webster y Mikel Santiago, moderados por Carlos Aimeur. Ambos ofrecieron una interesantísma charla sobre sus respectivas formas de entender la literatura. Les siguieron Rosa Ribas, que se convertiría en la ganadora del Premio Mejor Novela VLC NEGRA 2017 un par de horas después, y Carlos Zanón, que lo ganó en la primera edición. Ambos tienen tras de sí sendas exitosas carreras y comparten, además de sabiduría, dos cosas que me llaman la atención: modestia y capacidad para reírse de sí mismos.

Cerró la tarde el esperado Philip Kerr ante una sala repleta de gente. En su comparecencia en Valencia que no rehúye ningún tema: política, historia, educación, literatura… Kerr, que publica desde los años 80, es autor de más de cuarenta novelas. En el encuentro se abordaron cuestiones políticas, como el Brexit: «Croacia es un buen ejemplo de lo que te puede ocurrir cuando eres un pequeño país que no le importa a nadie. Pasé unos días horribles en Zagreb, lugar donde está ambientada mi última novela, La dama de Zagreb (RBA, 2017). Creo que todos los que en Escocia quieren la independencia tendrían que ir a Croacia o a Bosnia, que son países pequeños e independientes: les encantará estar allí, pero no hay nada en las tiendas. Me gustaría que los británicos se lo pensaran dos veces antes de salir de la UE: eso es un gran error».

Visitó por primera vez la ciudad cuando tenía doce años, en 1968, y también en giras promocionales, pero nunca había tenido la oportunidad de pasar tres días, como ha ocurrido con esta visita. «Lo bueno de las ciudades europeas es que son diferentes, como las personas. Sin embargo, acabo de venir de una gira promocional por Estados Unidos y allí todas las ciudades me parecen iguales». Y aprovechaba para disociar el trabajo de escritura y el de promoción: «Lo que te hace ser autor es estar en casa y no ir a ninguna parte: no te gusta hablar, no te gusta la gente, y escribes durante once meses. Entonces viene alguien y te dice que hagas algo diferente de lo que has estado haciendo. Para ser escritor has de ser dos personas a la vez: el escritor que se queda en casa, que es un poco esquizofrénico, mientras que el autor es el egomaníaco, un poco borrachuzo, que va por ahí firmando libros. Aunque es mucho mejor estar siempre bien sobrio cuando vas de gira».

Después de la charla, Kerr y el resto de escritores invitados a la jornada firmaron ejemplares de sus novelas.

Una liturgia que cobró su máximo sentido el domingo, día de las firmas Pata Negra. Más de 20 escritores compartieron libros, jamón y vino (vino Icono, evidentemente, es perfecto para el noir) con cerca de medio millar de personas que fueron pasando por la Casa del Libro.

El festival echó el cierre frente al mar, en el Restaurante La Pepica, donde los autores, organizadores y sus familias y los colaboradores de VLC NEGRA pudieron dar cuenta de un suculento arròs negre que ponía el broche gastronómico al festival.

Texto: Josevi Blender

Fotografías: Josele Bort, Mónica Muñoz Hermida y Santiago Carrión

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