360VLCNEGRA: crónica de día y medio de cine y diversión

«Estem morts, però l’any que ve tornarem». Lo dice Adrià Tent, miembro de uno de los 23 equipos que han participado en #360VLCNEGRA. Además del cansancio, su rostro, como el de sus compañeros, Julia y Aitor, irradia satisfacción. Me los encuentro a la salida del Taller d’Audiovisual de la UV (TAU), el lugar donde han editado su corto. Ya han conseguido exportarlo;  solo les queda colgarlo en la nube y enviar un enlace de descarga  al correo que ha facilitado la organización. Lo harán desde casa porque aún faltan tres horas para el final del plazo. Adrià explica cómo ha sido su 360VLCNEGRA: «Tot el cap de semana pensant i pensant en el curt. I en arribar a casa, ja no pensavem en el curt però tampoc en res més: hem caigut al llit com si estigueren morts». Su compañera Julia, malagueña, lo corrobora: «Hemos dormido cinco horas».

36 horas frenéticas

La aventura de Adrià, Julia y Aitor —el tercer miembro de Vlack Films— y el resto de participantes comenzaba treinta y tres horas antes, cuando se dieron cita en la Fundación Bancaixa para conocer el objeto que debería ser parte importante en la trama de todos los cortos. La ruleta, caprichosa, decidió que sería un reloj, quizás para recordar a los chavales que el tiempo no se detiene.

A las nueve y media, los 130 participantes ya estaban en la calle. «Te dicen un objeto, te  sueltan y ahí ya empieza la locura. Nos juntamos todos y empezamos a darle vueltas a la cabeza para conseguir una idea sobre la que escribir el guión», explica Samuel Rausell, de Marturbia, que hace un balance muy positivo de la experiencia: «Ha sido todo un reto. Me pidieron que nos embarcáramos en esta aventura tan loca, y ha resultado ser algo divertidísimo, la verdad.  Ha sido un placer trabajar con mis compañeros».

Rausell me atiende porque su grupo, el más numeroso (diez miembros) tiene personal de sobra. Unas mesas más adelante, una chica con rasgos orientales trabaja sola con unos auriculares puestos. Me acerco hasta ella. Me mira y se los quita. «¿No puedes atenderme, verdad?». Ya he hecho la pregunta estúpida de la tarde. Queda una hora para entregar y ella se limita a sonreír y negar con la cabeza.

Veinticuatro horas antes he recorrido las calles del centro de la ciudad para ver sobre el terreno el trabajo de los jóvenes cortometrajistas. En compañía de varios miembros de Tercera Planta Films, la asociación con la que VLC NEGRA ha colaborado para estrenar el nuevo formato del certamen, que sucede a #60EnNegro. Hèctor lleva todo el día rodando para hacer un video del making off. Aunque tiene un fuerte resfriado, aguanta el tipo: «Jo també he trencat la mà en concursos com este, els meus primers curts vaig rodar-los així. És una descàrrega d’adrenalina y una oportunitat inmillorable de treballar en equip».

El abuelo actor

Tenemos un grupo de WhatsApp con los 23 responsables de los equipos, así que preguntamos quién está rodando en ese momento. Nos contesta Marturbia, que prepara una escena junto a la Lonja y el Mercado Central. Cuando llegamos al lugar, observamos que están rodando en un banco y parece que un señor mayor va a aparecer en el corto. Observamos un ambiente distendido. El padre del señor, que no para de hacer fotos con su teléfono, se nos acerca con una sonrisa en los labios: «¿Dónde se puede ver la película?». Le explicamos que podrá hacerlo en la web de Valencia Negra en unos pocos días. El grupo graba la escena con un actor y el abuelo, ambos sentados en el banco.

«Voliem rodar un curt però mai no aconseguiem quedar»

El grupo Vlack Films acaba de avisar por el grupo de WhatsApp: están a punto de grabar una secuencia en el Puente del Mar. Nos dirigimos hacia allí. Los encontramos estudiando el guión y les dejamos que acaben de grabar el plano. Cuando lo dan por bueno pregunto  a Aitor, el responsable del grupo, cómo está resultando la experiencia: «Ha sigut un descobriment. Nosaltres voliem rodar un curt, però intentavem quedar i sempre havia algú que no podía. Amb esta fòrmula, saps que t’inscrius i que quan acabe el cap de semana tindràs un video editat».

Después de esa entrevista, me separo de los grupos de rodaje y de Tercera Planta para colgar en las redes el álbum de la jornada. Hay muchas imágenes de chavales enfundados en los petos amarillos con los que se identifican, mezclados con vecinos y turistas. Y muchas imágenes de lugares emblemáticos de Valencia como telón de fondo. Esto huele muy bien.

Noche americana

Por la noche el grupo de WhatsApp sigue recibiendo mensajes: «Quedan 20 horas y 31 minutos. Hoy no se duerme», escriben desde Tercera Planta Films. «Buah, yo sin mis 10 horitas de sueño no soy nadie», responde uno de los responsables de equipo. El comentario me arranca una sonrisa. Yo también he tenido 23 años y le entiendo. A veces doy gracias por haber acumulado tantas horas de sueño ahora que mis noches son mucho más cortas.

Los equipos envían fotos a las dos, a las tres de la mañana. Desde la plaza de la Virgen, desde un callejón de Velluters. Algunos están grabando, otros envían fotos ante el equipo de edición. «Rodando y montando a la vez a la desesperada», dice una chica. Los hombres no podemos diversificar de esa manera. El último mensaje de la noche entra a las 3:30 de la madrugada: «A través de alguna plataforma específica o WeTransfer vale?». «WeTransfer es bien», responde Héctor a las 8:01.

De torre a torre y grabo que el tiempo corre

A las nueve de la mañana estamos en el TAU para abrir las instalaciones. Enseguida comienzan a llegar los primeros grupos, que pasarán allí el resto del día editando sus cortos. Aún hay grupos que están grabando. Tercera Planta va a rodar, un grupo ha avisado que está en las Torres de Quart. Llegan allí y después de media hora de espera les preguntan dónde están. Resulta que han subido y están grabando la escena en la parte más alta. Un gángster y una femme fatal actúan con el skyline de Valencia de fondo. Un niño los mira alucinado.

No lejos de allí, en las otras torres, las de Serranos, otro grupo echa los últimos planos de su corto. Ellos no han subido, pero envían fotos de dos actores que se besan apasionadamente.

El día transcurre, pero nadie entrega aún el corto. El primero entra sobre las siete de la tarde.

 

A esa hora estoy de nuevo el TAU, y acabo con el interrogatorio a los chavales. Me dirijo a uno, parece que manda mucho. «¿Eres el jefe del grupo?». «Sí, soy el elegido. Nahuel Lioi», me contesta con sorna. Me cuenta que son el grupo más numeroso, con un total de diez personas. «Queríamos hacer un grupo sólido, cada uno se ocupa de una tarea para no estar desorganizados». Han venido desde Gandia, aunque Nahuel es vigués de padres argentinos. Todos estudian juntos. «Está guai el aspecto del reto, el hacerlo, el hacerlo rápido, estamos súper tensos para acabarlo, pero eso también es bonito», concluye El Elegido.

 

La tensión de la entrega

Ya son casi las nueve y apenas han entrado cortos. El grupo de WhatsApp echa chispas. Las plataformas de subida van lentas y los nervios se apoderan de los participantes. Este mensaje lo resume todo: «Buf, esto va lentísimo. Es que llevo trabajando en el corto los dos días y solo hemos dormido 2 horas. No digo que esto sea excusa de nada, pero lo cierto es que las plataformas de envío son muy lentas y llevo ya 50 minutos intentándolo, lo mínimo es saber ya si se van a aceptar o a descalificar». No es la única. Varios equipos preguntan por lo mismo y decidimos que es válido enviar una foto de la plataforma subiendo el video siempre que envíen la foto antes de las nueve. Recibimos una avalancha de imágenes de barras de estado. Al final, recibimos 21 cortos en plazo.

Un equipo anuncia que el software les ha jugado una mala pasada: «Maldito formato .Tod , no hemos podido hacer el montaje. Estamos fuera.  Eso sí, lo vamos acabar». Efectivamente, lo acabaron y el corto está colgado con los otros 21, pero fuera de concurso. Deducimos que el equipo que no ha entregado es el de una chica que nos dijo durante la inscripción que el resto de su equipo no se había presentado. Le ofrecimos integrarla en cualquiera de los otros grupos, pero declinó la propuesta. El año que viene la esperamos.

 

Cómo conocí al actor octogenario

Antes de abandonar el TAU descubro al joven que el día anterior estaba actuando con el señor mayor. Pertenece a Marturbia. Le pido que me cuente la historia. Se llama Álvaro Herreros: «Se sentó con su hijo en el banco en el que íbamos a grabar mientras estábamos preparando el equipo. Le pedimos que cuando fuésemos a hacerlo se quitara. Entonces nos dijo que quería salir, lo típico que se dice de broma. Pero no nos pareció mala idea y decidimos incluirlo en el rodaje. Nos pareció divertido meterlo. Era muy majo (ríe) aunque empezó a criticar mi aspecto físico: me decía barbudo, melenudo, vago (ríe de nuevo). Pero lo  pasamos bien, era una buena persona».

De eso se trataba, sobre todo. De pasarlo bien. Objetivo conseguido.

Bernardo Carrión – Coordinador 360VLCNEGRA

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